¿Tardeo? ¿Después de comer? ¿Por la noche? ¿Antes de la discomóvil? ¿A las ocho? ¿A las doce?
Cuando una comisión de fiestas o un ayuntamiento nos pregunta cuál es el mejor horario para contratar al Bueno, el Feo y el Malo, nuestra respuesta normalmente no es una hora.
Es entender qué tipo de fiesta queréis montar.
Porque hemos tocado en contextos muy diferentes y cada horario tiene sus cosas buenas. Pero también hemos aprendido algo importante: no podemos depender de que el público llegue perfectamente colocado, calentito y con ganas de saltar desde la primera canción.
Parte de nuestro trabajo consiste precisamente en coger a la gente como está y llevarla hacia algún sitio.
TARDEO: cuando quieres juntar a todo el pueblo
El tardeo tiene algo que nos encanta: permite mezclar públicos que por la noche probablemente no coincidirían.
Niños, padres, cuadrillas, peñas, gente mayor tomando algo, adolescentes que aparecen y desaparecen…
Al principio puedes tener a la gente bastante repartida. Unos delante, otros en las barras, otros hablando a veinte metros.
Y ahí empieza nuestro trabajo.
Tenemos dinámicas para involucrar a la gente, hacer participar a diferentes zonas, jugar con las peñas, acercar al público y conseguir que aquello vaya creciendo.
No esperamos simplemente a que la gente se anime.
Intentamos provocar que se anime.
Por eso un tardeo puede empezar de una manera y acabar siendo una auténtica fiesta.

SESIÓN CAFÉ: ese horario que parece tranquilo hasta que deja de serlo
La sesión café tiene una ventaja muy particular: normalmente ya tienes a buena parte de la gente reunida.
Por ejemplo, cuando buscas música en directo para bodas. Los invitados han comido, están tomando algo y ahora hay que conseguir que se levanten.
Y eso no siempre ocurre poniendo la primera canción y esperando un milagro.
Aquí la interacción y la lectura del público son fundamentales. A veces hay que empezar acercándonos poco a poco. Otras veces encuentras una mesa que está dispuesta a liarla desde el minuto uno y puede ayudarte a arrastrar al resto.
La gracia está en detectarlo.
Y sí, muchas veces esa persona que cinco minutos antes decía que estaba “muy bien sentada” acaba bastante menos sentada.

NOCHE: cuando la fiesta ya viene lanzada
La noche tiene otro tipo de energía.
Normalmente el público llega con una predisposición diferente y podemos encontrarnos peñas y cuadrillas que no necesitan demasiadas explicaciones.
Aquí el reto puede ser justo el contrario.
No hay que calentar algo que ya está caliente.
Si vemos que la gente está preparada, entramos.
Más ritmo, canciones enlazadas, mixes, interacción y un concierto que avance sin dejar demasiados huecos para que caiga la energía.
Y si ha sido un concierto de fiestas de pueblo y después continúa una discomóvil o un DJ, también tenemos en cuenta qué viene detrás. No queremos terminar el concierto y que parezca que alguien ha desenchufado la fiesta.
Queremos dejarla arriba para que continúe.

Entonces, ¿qué horario elegiríamos?
Depende de lo que queráis conseguir.
Si buscáis una fiesta muy intergeneracional, donde puedan participar niños, familias, peñas y gente mayor, un tardeo o una sesión café pueden funcionar increíblemente bien.
Si buscáis algo más nocturno, con las cuadrillas ya de fiesta y continuidad después con DJ o discomóvil, la noche tiene otra intensidad.
Pero hay algo que para nosotros es todavía más importante que elegir entre tardeo, sesión café o noche:
saber adaptarnos a lo que realmente está pasando cuando empieza el concierto.
Porque los eventos no son un Excel.
Puedes organizarlo todo perfectamente y que la comida termine tarde, que una actividad se alargue, que la gente tarde más de lo previsto en acercarse o que ocurra justo lo contrario y tengas la plaza llena antes de empezar.
Intentamos ser flexibles siempre que la producción y los horarios lo permitan.
Y una vez empieza el concierto, tenemos recursos para ir tomando el control de la situación: dinámicas, juegos, interacción, cambios de ritmo, canciones enlazadas y, sobre todo, mucha atención a lo que está ocurriendo delante.
Porque no hacemos exactamente el mismo concierto para una plaza que está esperando desde hace media hora que para un público que todavía está terminando el café.

No buscamos la hora perfecta
Buscamos el planteamiento que mejor funcione para esas fiestas.
Y después asumimos nuestra parte de responsabilidad: subir al escenario, leer lo que tenemos delante, involucrar a la gente y conseguir que el concierto vaya creciendo.
Tardeo, sesión café o noche.
Las tres pueden funcionar.
La pregunta interesante no es solamente “¿a qué hora ponemos al grupo?”, sino:
“¿Qué queremos que pase cuando empiece a tocar?”
Si estáis preparando las fiestas y dudáis entre tardeo, sesión café o concierto de noche, contadnos cómo tenéis organizado el día y qué tipo de ambiente buscáis. Os diremos directamente dónde creemos que BFM puede funcionar mejor y cómo lo plantearíamos.